Casos como el de Google nos hacen pensar que una empresa pequeña con buenas ideas tiene posibilidades de alcanzar el éxito a escala mundial, y la realidad es que es así. Tener una buena idea y poner alrededor de ella los recursos humanos y económicos adecuados nos puede llevar a conseguir todo lo que siempre hemos deseado.
Los éxitos ya no constituyen el único mercado; ahora compiten con un número infinito de nichos de mercado, de cualquier tamaño, y los consumidores prefieren cada vez más aquél que ofrece más posibilidades de escoger. Está surgiendo algo nuevo: un mercado de multitudes.
En la empresa no todo es competir; existen caminos inexplorados que pueden constituir negocios importantes. ¿Se ha parado a pensar en el desgaste que supone la competencia feroz que mantienen las empresas en la actualidad? ¿Podría decirse que hay nichos de mercado saturados? Aun así, las empresas se empeñan en posicionar sus productos en entornos que ofrecen muy poca posibilidad a la diferenciación.
En un mundo incierto, veloz y globalizado, construir una buena reputación no es ya un acto de egoísmo, sino una obligación de todo directivo que pretenda gestionar su negocio de forma responsable.
Las tecnologías son una condición imprescindible para triunfar en el mundo empresarial actual, aunque por sí solas no aportan ventajas diferenciales a la empresa. Al igual que disponer de fax o teléfono es hoy día parte de la infraestructura y no un valor diferencial sobre la competencia, las nuevas tecnologías son también elementos infraestructurales imprescindibles.
Miles de millones de individuos conectados a la blogosfera participan activamente en la innovación, en la creación de riqueza y en el desarrollo social de formas hasta ahora impensables. Las empresas que toman parte en estas comunidades basadas en la Red ya están descubriendo los verdaderos beneficios del talento colectivo.
Por fin he encontrado una empresa en la que quiero trabajar. Éstas fueron las palabras que dijo Tom Peters a la primera persona que encontró tras haber visitado IDEO, una máquina de innovar, un entorno en el que el trabajo parecía un juego y la creatividad más exacerbada inundaba toda actividad.
La innovación es fundamental para cualquier organización. Todos sabemos que, si no innovamos en nuestras compañías, el mercado nos hará desaparecer. Aunque seamos conscientes de esto, el entorno nos presiona para que adoptemos una manera más efectiva de innovar y, con ello, concibamos una nueva forma de trabajar con el conocimiento propio y el de los demás.
En el entorno actual, los líderes tecnológico-informacionales van a contar con el apoyo y el respeto de sus compañeros, la dirección, los inversores, etc. Van a formar parte del equipo directivo y su opinión se tendrá en muy alta estima. No obstante, convertirse en este tipo de CIO requiere una actitud diferente a la tradicional en cuanto al negocio, la empresa, la tecnología, las redes informacionales, los profesionales, etc.
Los avances en tecnologías de la información de hoy día sólo nos llevan a mitad de camino de donde deberíamos estar; las economías desarrolladas deben seguir innovando si quieren mantener su posición actual.
Después de veinte años de una forma de actuar centrada en el cliente, aún hoy las empresas se siguen enfrentando al fracaso del 50% al 90% de sus iniciativas de producto y servicio. Y, de las iniciativas que tienen éxito, sólo unas pocas resultan ser realmente innovadoras, ¿La conclusión? Aunque se han conseguido algunas mejoras, centrarse en el cliente no es suficiente.
Innovación. El santo grial de la empresa del siglo XXI y del anterior. No obstante, ¿quién sabe cómo promoverla, impulsarla, extenderla? La respuesta está a nuestro lado: nosotros mismos, viendo el mundo con otros ojos y decidiendo pasar de la idea a la acción. Se requieren inspiración y arrojo, capacidad de aprender, entusiasmo, tesón, espíritu de colaboración, capacidad para enlazar hilos sueltos y crear un nuevo tejido, etc.